El Caribe que un noruego trajo en barco porque el suyo se había quedado sin playas
A finales de los 80, un empresario noruego llamado Bjørn Lyng miró este tramo de costa entre Arguineguín y Puerto Rico —todo roca volcánica, cero arena blanca— y decidió que ese detalle no lo iba a detener. La solución: importar más de mil toneladas de arena blanca desde las Bahamas, en barco, hasta convertir la orilla en una playa con forma de media luna protegida por un dique. O sea, si el Caribe no viene a Canarias, Canarias importa el Caribe a granel.
El resultado se llama Anfi del Mar, y hace tan bien su papel de paraíso tropical que cuesta creer que hace cuarenta años aquello era solo piedra volcánica y buenas intenciones. Palmeras, aguas turquesa en calma total gracias al dique, y ni rastro de que la arena hizo un viaje transatlántico entero para llegar hasta aquí.
Un paseo marítimo hecho para no moverte de la hamaca
Alrededor de la playa hay un paseo lleno de restaurantes, tiendas y terrazas a la sombra de las palmeras, con centro comercial incluido y complejos hoteleros que trepan por el acantilado de fondo. Si te apetece moverte un poco, hay kayaks, excursiones en barco y motos de agua con toboganes — para los que sí quieren algo de acción entre siesta y siesta.
Antes de cruzar la isla hasta aquí, échale un ojo en tiempo real a cómo está la playa ahora mismo con la webcam en directo de Anfi del Mar, cortesía del Ayuntamiento de Mogán.
¿Y todo esto a cuánto de Casa El Drago?
Unos 45 minutos en coche desde Tafira Baja. El mismo viaje que para Puerto Rico, así que si te animas puedes hacer doblete: mañana de arena caribeña importada, tarde de puerto deportivo y delfines, y vuelta a casa habiendo visto dos playas artificiales construidas por la misma obsesión escandinava con el buen tiempo.
¿Preparado para tu propio ratito de Caribe sin salir de Gran Canaria?
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