Caldera de Bandama: el volcán convertido en viñedo | Casa El Drago
La Caldera de Bandama: el volcán que un flamenco convirtió en bodega
Hace entre 4.000 y 5.000 años, Gran Canaria decidió hacer explotar un volcán, dejar caer todo el techo del cráter hacia adentro, y regalarle a la isla un agujero de más de un kilómetro de diámetro y 200 metros de profundidad. Un cataclismo geológico de proporciones bíblicas. Y unos cuantos siglos después, un comerciante flamenco llegó, miró el cráter y pensó: "aquí lo que hace falta es una viña".
Así nació la Caldera de Bandama tal y como la conocemos: la naturaleza puso el drama, y Daniel Van Damme puso el vino.
"Bandama" no es una palabra aborigen canaria, como durante años se creyó. Es la castellanización de "Van Damme" — sí, como el actor, aunque siglos antes y sin patadas voladoras. Daniel Van Damme fue un comerciante flamenco del siglo XVI que compró los terrenos del cráter y se dedicó a cultivar viñedos ahí dentro. Su apellido, mal pronunciado durante generaciones por los isleños, acabó convertido en el nombre oficial de uno de los paisajes volcánicos más espectaculares de la isla. La lección: ten cuidado con cómo pronuncias tu apellido en Canarias, podría acabar siendo un topónimo.
Un cráter con casa, bodega y vecinos desde hace siglos
Dentro del propio cráter —sí, dentro, en el fondo, donde uno esperaría solo lava fosilizada y silencio— hubo durante siglos una hacienda en funcionamiento: casa, lagar y bodega. Hoy esa construcción está abandonada, pero las viñas de alrededor, en la zona conocida como Monte Lentiscal, siguen produciendo vino con denominación de origen. Es decir: llevas siglos pudiendo brindar con un vino cultivado literalmente dentro de un volcán, y probablemente no lo sabías.
El terreno volcánico de Bandama está cubierto de "picón" (esa gravilla negra volcánica), y resulta que ese suelo aparentemente hostil es un genio reteniendo la humedad: deja que el agua de lluvia se filtre rápido mientras evita que se evapore, manteniendo la tierra fresca. Total, que el mismo volcán que arrasó la zona hace milenios acabó siendo el mejor aliado de los viticultores que llegaron después. La naturaleza tiene un sentido del humor curioso.
Antes de los viñedos, ya había vecinos
Mucho antes de que Van Damme pusiera un pie aquí, los antiguos canarios ya usaban cuevas en las paredes de la caldera para vivir y almacenar grano — hay restos arqueológicos que lo confirman. O sea: este cráter lleva siendo un buen sitio para instalarse desde bastante antes de que existiera el concepto de "vistas premium con encanto rústico".
El mirador que hace que el móvil se quede corto
Se puede subir en coche hasta el Pico de Bandama, justo al lado de la caldera, y desde ahí la panorámica abarca buena parte del noreste de la isla. Si prefieres las piernas al motor, bajar hasta el fondo del cráter es una caminata corta —unos 30 minutos— pero con la satisfacción añadida de poder decir que has estado literalmente dentro de un volcán. Pocas actividades de domingo suenan tan épicas contadas después en una cena.
¿Y todo esto a cuánto de Casa El Drago?
Unos 10 minutos en coche desde Tafira Baja. Vamos, que puedes desayunar en la terraza, plantarte en el borde de un cráter volcánico antes del mediodía, y estar de vuelta a tiempo para la siesta. Pocos sitios del mundo te dejan intercalar "volcán milenario" y "siesta" en la misma mañana con tanta comodidad.
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