Cueva Pintada: la Capilla Sixtina aborigen que un agricultor encontró sin querer | Casa El Drago
La "Capilla Sixtina" aborigen que un agricultor encontró sin querer
En 1862, alguien estaba haciendo labores agrícolas en Gáldar cuando el terreno decidió hacerle un regalo inesperado: un agujero en el techo que daba a una cueva excavada en material volcánico, con las paredes cubiertas de pinturas geométricas de los antiguos aborígenes canarios. Nada de arqueólogos con pincelitos ni expediciones planificadas — el hallazgo más importante del arte prehispánico de Canarias empezó, básicamente, tropezando con él mientras se araba.
Y aquí viene la parte verdaderamente canaria de la historia: encontrada en 1862, no se empezó a investigar en serio hasta 1987, y el museo no abrió al público hasta 2006. Ciento cuarenta y cuatro años entre "mira lo que hay aquí abajo" y "vale, hagamos algo con esto". Pocas cosas resumen mejor eso de "no hay prisa" que un yacimiento Patrimonio de la Humanidad tomándose siglo y medio para decidirse a abrir sus puertas.
A la Cueva Pintada se la conoce como la "Capilla Sixtina" de los aborígenes canarios, y para protegerla sin dejar de enseñarla, el museo construyó una auténtica burbuja de cristal alrededor de las pinturas originales. O sea: puedes plantarte a centímetros de un arte con más de mil años de antigüedad sin respirarle encima ni una sola micra de humedad moderna. La tecnología del siglo XXI cuidando el legado del siglo X, con la cueva entera formando parte de lo que llaman la Acrópolis de Agáldar, la que fuera capital prehispánica de Gran Canaria.
Un pueblo entero bajo tus pies, no solo una cueva
Lo que hoy es parque arqueológico fue en su día un entorno protourbano completo: casas excavadas, calles, vida cotidiana aborigen alrededor de lo que era el centro de poder de la isla antes de la conquista. La cueva pintada es la joya de la corona, pero el recorrido completo te pasea por toda una capital que llevaba siglos ahí sin que nadie —salvo, evidentemente, quien araba el terreno en 1862— se hubiera enterado.
¿Y todo esto a cuánto de Casa El Drago?
Unos 35 minutos en coche desde Tafira Baja. El más lejano de los que hemos contado hasta ahora, pero para un yacimiento Patrimonio de la Humanidad con pinturas de mil años bien vale cruzar la isla.
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