La playa que le puso nombre a un pájaro que ya ni se le ve el plumón por aquí
El nombre viene de los alcaravanes, unas aves esteparias que poblaban la zona en abundancia hace generaciones. Hoy busca uno entre las tumbonas y el paseo marítimo y no vas a encontrar ni la sombra de un pico — la playa se quedó con el nombre del pájaro mucho después de que el pájaro decidiera, sensatamente, buscarse otro barrio.
Lo que sí se quedó, y bien instalado, es el Real Club Náutico de Gran Canaria: fundado en 1908, se mudó aquí en 1962 y desde entonces ha sido sede de regatas de la Copa del Rey de Vela — sí, la misma que compite la realeza en Palma, solo que aquí nadie te cobra entrada por mirar desde la arena.
La playa de quien vive aquí, no de quien la visita una vez
Mientras Las Canteras se lleva las portadas de "mejor playa urbana del mundo" y hace cola para las fotos, su vecina hace el turno de tarde sin quejarse: aguas en calma total, ideal para vela, windsurf y paddle surf, y una rutina de barrio donde nadie se para a hacerse un selfie porque, total, mañana vuelven a estar aquí. Es la playa de quien aparca, monta la tabla y en diez minutos ya está remando frente a los mástiles del puerto, sin planificar nada con antelación.
¿Y todo esto a cuánto de Casa El Drago?
Unos 18 minutos en coche desde Tafira Baja. Suficiente para un baño exprés entre semana, sin la sensación de estar haciendo turismo ni de competir por hueco con nadie — ni siquiera con un alcaraván, que ya no queda ninguno para disputarte la toalla.
¿Preparado para un chapuzón sin oleaje ni postureo?
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