La playa que lleva el nombre de un cura que se escaqueaba de su propio grupo
Cuenta la tradición local que, cuando se popularizaron las excursiones a las playas del sur, un cura que acompañaba a los grupos aprovechaba para bañarse aparte, algo apartado y con el recato propio de su oficio, lejos de las miradas de los excursionistas a los que se suponía debía vigilar. Los vecinos, con esa capacidad canaria para no dejar pasar ni un detalle, bautizaron el rincón como la playa —o el charco— del cura. Escaquearse con estilo, siglos antes de que existiera la palabra.
El resultado de aquella escapada eclesiástica es una playa pequeña, familiar, de aguas prácticamente sin oleaje gracias a una especie de piscina marina natural que se forma con la marea. Arena oscura volcánica, alguna piedra suelta, y el ambiente tranquilo que cualquier cura —o cualquier padre con niños pequeños— agradecería.
Antes de bajar hasta el suroeste de la isla, comprueba cómo está ahora mismo con la webcam en directo de Playa del Cura.
Piscinas naturales que cambian con la marea
Según baja el nivel del agua, el fondo marino deja al descubierto pequeñas piscinas naturales — la playa se reinventa varias veces al día sin que nadie tenga que mover un solo grano de arena.
¿Y todo esto a cuánto de Casa El Drago?
Unos 55 minutos en coche desde Tafira Baja. Para una playa tan tranquila que hasta un cura de vacaciones eligió esconderse aquí, el viaje hasta el suroeste se perdona sin penitencia.
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